Análisis · Historia y Fundamentos · Edición #0002

Los inviernos de la IA — cuando el mundo dejó de creer

Dos veces en la historia, el mundo abandonó la IA. Por qué pasó, qué aprendieron los que siguieron construyendo, y por qué hoy es distinto.

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Germán Falcioni 12 April 2026
✦ Lectura: 9 min
Un investigador de los años 70 trabajando en un terminal de computadora, documentos y cintas perforadas
TL;DR

La IA sufrió dos "inviernos" (1974-1980 y 1987-1993) cuando la financiación se detuvo en seco. El patrón que casi nadie cuenta: en ambos inviernos, mientras afuera se decía que la IA había muerto, adentro se construía la infraestructura que iba a hacerla explotar. Saber leer ese patrón importa hoy más que nunca.

✦ Resumido con Claude al publicar
Reescritura con IA
Leelo como…

Octubre de 1973. Un informe cambia todo.

Sir James Lighthill, un economista británico, entrega un documento de 40 páginas al Science Research Council del Reino Unido. El título es tan árido que parece una maniobra para que nadie lo lea: "Artificial Intelligence: A General Survey". Pero para los investigadores de IA de la época, es un acta de defunción.

Lighthill escribe lo que muchos funcionarios ya querían escuchar. La IA no funciona. Las promesas de los investigadores son humo. Se han gastado millones en investigación que no produce máquinas inteligentes. Hay que parar.

El Reino Unido corta la financiación ese mismo año. Estados Unidos, que había estado financiando IA con fuerza a través de DARPA, hace lo mismo. De un día para el otro, laboratorios cierran. Investigadores se quedan sin trabajo. El campo que prometía revolucionar el mundo es declarado imposible.

Pero el informe de Lighthill tenía un problema. Era parcialmente correcto, pero por las razones equivocadas.

La verdad incómoda del primer invierno (1974-1980)

Lighthill no se equivocaba al decir que la IA de los 60 había fracasado en su promesa. Los investigadores habían jurado máquinas superinteligentes. No llegaban. Los presupuestos se inflaban. Los resultados no llegaban.

Lo que Lighthill no vio fue que mientras el mundo los ignoraba, un grupo pequeño seguía trabajando en las sombras.

Geoffrey Hinton estaba en la Universidad de Toronto investigando redes neuronales cuando el campo estaba prácticamente enterrado. Yann LeCun hizo su doctorado en París a principios de los 80 y después se fue a Bell Labs, donde desarrolló las redes convolucionales que hoy son infraestructura estándar. Yoshua Bengio se sumó a fines de los 80 con la misma convicción que los otros dos: las matemáticas subyacentes eran correctas, aunque nadie quisiera financiarlas.

En 1986 pasó algo pequeño pero transformador. Rumelhart, Hinton y Williams publicaron en Nature un paper sobre cómo entrenar redes profundas usando backpropagation. La idea no era del todo nueva — Paul Werbos la había desarrollado años antes — pero ahora convergía con hardware mejor y confianza teórica sólida. Fue, en retrospectiva, el acto fundacional del deep learning moderno.

El primer invierno no terminó porque alguien "descubriera" que la IA funcionaba. Terminó porque había resultados modestos en dominios específicos (reconocimiento de caracteres, análisis de imágenes simples) y porque la infraestructura computacional mejoraba lentamente pero sin pausa.

El segundo invierno: la promesa vacía de los sistemas expertos (1987-1993)

Los años 80 fueron raros. La IA estaba "volviendo", pero no como deep learning. Era la era de los sistemas expertos.

La idea era seductora. Tomás el conocimiento de un experto humano — un médico, un abogado, un ingeniero — y lo codificás en reglas que la computadora aplica. Un médico diagnostica tal enfermedad si ve los síntomas X, Y, Z. Registralo. Ahora la máquina también puede diagnosticar.

Y funcionó. Funcionó muy bien en demostración. Las corporaciones invirtieron miles de millones. El mercado de sistemas expertos llegó a estimaciones de USD 3 mil millones hacia 1988, según el libro de Daniel Crevier "AI: The Tumultuous History of the Search for Artificial Intelligence". Se vendió como la revolución que por fin había llegado.

Pero había un problema estructural. Los sistemas expertos eran frágiles. Un sistema que funcionaba en el 80% de los casos fallaba catastróficamente en el 20% restante. Costaba millones de dólares construirlos. Requería expertos humanos permanentemente para mantener las reglas al día. No escalaba.

Hacia 1987, las empresas se dieron cuenta. Los fondos desaparecieron. Otro invierno. Otros seis años en que la IA fue considerada imposible.

Lo que pasaba en silencio mientras el mundo dudaba

Acá está el patrón que casi nadie cuenta. Los dos inviernos ocurrieron mientras progreso técnico real se estaba acumulando sin fanfarria.

Entre 1974 y 1980, cuando la IA oficial estaba "muerta", Hinton y otros desarrollaban teoría sobre redes recurrentes. LeCun refinaba el backpropagation aplicado a imágenes. Bengio, un poco después, exploraría arquitecturas que podrían procesar lenguaje.

Durante el segundo invierno (1987-1993) pasaba algo aún más importante. Internet empezaba a expandirse. Había datos digitales reales por primera vez a escala masiva. Las computadoras personales se volvían más rápidas. Y las GPUs — procesadores diseñados originalmente para videojuegos — empezaban a evolucionar de formas que eventualmente acelerarían redes neuronales por órdenes de magnitud. Nvidia, la empresa que terminaría siendo central para la explosión actual de IA, fue fundada en 1993. Justo al final del segundo invierno.

¿Y a vos qué te cambia esto?

La lección es directa. Mirá el patrón, no el ruido.

El ruido es: "¿Cree el mundo en la IA?" "¿Hay dinero especulativo?" "¿Qué prometió hoy el último CEO?"

El patrón es: "¿Hay trabajo técnico serio siendo construido?" "¿Hay resultados medibles, aunque sean chicos?" "¿Hay gente usando herramientas que funcionan?"

Los inviernos no mataron la IA porque el progreso real no dependía del hype. Dependía de investigadores que sabían que estaban en lo correcto aunque nadie los creyera.

La pregunta que te dejo

Hoy, cuando leas titulares sobre "la IA va a cambiar todo" o "la IA está sobrevaluada", te podés hacer la misma pregunta que este artículo sugiere mirando hacia atrás. ¿Dónde está pasando trabajo real? ¿Qué está construyendo la gente que no sale en los diarios? Si querés una respuesta concreta sobre por qué Anthropic cree que estamos en un momento distinto a los inviernos anteriores, leé el #0027 sobre la carrera de los modelos frontera.

Seguí explorando

¿Querés profundizar en algo del artículo?

01 ¿Qué pasó con los investigadores de IA cuando llegó el invierno?

La financiación pública y privada se cortó de golpe en ambos inviernos. Muchos investigadores siguieron en universidades pequeñas y laboratorios, sobreviviendo apenas. Geoffrey Hinton, Yann LeCun y Yoshua Bengio — los futuros padres del deep learning — siguieron investigando sin reconocimiento público, convencidos de que sus ideas eran correctas aunque nadie las financiara.n

02 ¿Cómo se sabe cuándo un invierno terminó de verdad?

Cuando la industria empezó a obtener resultados verificables en dominios concretos. En los años 80, el resurgimiento llegó cuando las máquinas tuvieron datos reales para procesar. Hoy el invierno terminó cuando la IA empezó a generar ingresos reales: búsqueda, ofimática, análisis de datos — herramientas que miles de millones de personas usan todos los días sin pensar en ello.n

03 ¿Puede haber otro invierno de IA?

Probablemente no como los anteriores. Dos diferencias clave. Primero, la IA ya está embebida en productos que millones de personas usan (Gmail, Google Search, Microsoft 365). No se puede desfinanciar lo que la gente ya usa. Segundo, el dinero viene de empresas privadas con ingresos reales, no solo de investigación pública. Una corrección especulativa es probable; un invierno total, menos.n

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