Análisis · Historia y Fundamentos · Edición #0001

Historia de la inteligencia artificial — de Turing a tu bolsillo

Setenta años de promesas, fracasos y avances locos terminaron con una IA en tu celular. Así llegamos hasta acá.

G
Germán Falcioni 12 April 2026
✦ Lectura: 8 min
Línea de tiempo visual desde una computadora de los años 50 hasta un celular moderno con una IA abierta
TL;DR

La inteligencia artificial nació en 1956 como una idea de laboratorio, sobrevivió dos inviernos donde casi la abandonan, y en 2022 explotó con ChatGPT y Claude. Esta es la historia completa, contada para gente que usa IA sin saber de dónde viene.

✦ Resumido con Claude al publicar
Reescritura con IA
Leelo como…

La pregunta que incomodó a un generación entera

Alan Turing murió en 1954 sin ver nada de esto. Tenía 41 años. Había ayudado a ganar una guerra descifrando la máquina Enigma y había escrito un paper que todavía hoy, 76 años después, define cómo pensamos sobre máquinas que piensan. Lo que escribió en 1950 en la revista Mind no era un ejercicio filosófico en el vacío. Para Turing, preguntarse si una máquina podía pensar era la consecuencia lógica de la computación que él mismo había ayudado a inventar.

Dos años antes de su muerte, en Inglaterra, el Estado lo condenó por ser gay. Le dieron a elegir entre la cárcel y la castración química. Eligió lo segundo. Su carrera se interrumpió ahí.

Lo menciono porque la historia de la IA se cuenta a veces como una secuencia limpia de descubrimientos, y no lo es. Es una historia de obsesiones personales, saltos brutales y décadas perdidas. Empecemos.

1956: diez personas en Dartmouth

Verano de 1956. John McCarthy — un matemático joven con más ambición que presupuesto — convence a nueve colegas de encerrarse dos meses en el Dartmouth College de New Hampshire. La propuesta que escribió para conseguir la financiación dice, textualmente, que van a resolver el problema de hacer que una máquina piense.

No lo resuelven. Pero salen de ahí con el nombre "inteligencia artificial" — que McCarthy prefirió frente a "máquinas que piensan" para evitar debates filosóficos — y con un campo de investigación nuevo. El presupuesto original fue de 7.500 dólares, según el archivo de la propuesta de Dartmouth. Hoy eso son unos 80.000 dólares. Por ese dinero nació toda una disciplina.

Euforia, promesas y el primer golpe (1956–1974)

Los primeros años fueron de optimismo descontrolado. Herbert Simon predijo que en 10 años una computadora sería campeona mundial de ajedrez. Tardó 40 — Deep Blue recién ganó contra Kasparov en 1997. Marvin Minsky escribió en 1967 que en una generación la inteligencia artificial estaría "sustancialmente resuelta". Sesenta años después, sigue sin estarlo.

Los programas de la época impresionaban para el hardware disponible, pero no escalaban. ELIZA apareció en 1966 — un programa del MIT que simulaba ser terapeuta con trucos de reconocimiento de patrones. Funcionaba tan bien que algunos pacientes se abrían emocionalmente con la máquina. Joseph Weizenbaum, su creador, quedó tan incómodo con ese resultado que pasó el resto de su carrera advirtiendo sobre los peligros de la IA.

Cuando los gobiernos vieron que las promesas no se cumplían, cortaron todo. El informe Lighthill de 1973 en el Reino Unido fue demoledor: dijo que la IA no servía para nada práctico. DARPA en Estados Unidos hizo lo mismo. Arrancó el primer invierno. Duró diez años.

Sistemas expertos y el segundo colapso (1980–1993)

La IA resurgió en los 80 con otro enfoque: sistemas expertos. Programas que codificaban el conocimiento de un especialista en reglas explícitas del tipo "si A y B, entonces C". MYCIN diagnosticaba infecciones. XCON configuraba pedidos de computadoras y le ahorraba a Digital Equipment Corporation unos 40 millones de dólares al año, según la documentación histórica de DEC.

Japón apostó fuerte. Su programa Fifth Generation Computer de 1982 movilizó el equivalente a 850 millones de dólares actuales. El objetivo era construir computadoras que razonaran con lógica. Estados Unidos respondió. Europa también.

Pero los sistemas expertos eran frágiles. Funcionaban en su dominio y se rompían apenas salían de él. Cada regla había que escribirla a mano. Costaban millones de mantener. Cuando quedó claro que no escalaban, la financiación se secó otra vez. Segundo invierno, 1987 a 1993.

La revolución silenciosa (1993–2017)

Mientras el mundo creía que la IA estaba muerta, tres investigadores seguían trabajando en redes neuronales. Geoffrey Hinton en Toronto. Yann LeCun en NYU y Bell Labs. Yoshua Bengio en Montreal. Casi nadie les prestaba atención. En entrevistas posteriores, Hinton cuenta que sus papers eran sistemáticamente rechazados en los años 90. Su apuesta era simple: con suficientes capas de neuronas artificiales (deep learning), suficientes datos y suficiente potencia de cómputo, las redes iban a funcionar.

Internet les dio los datos. Las GPUs — chips diseñados para videojuegos — les dieron la potencia. En 2012, la red AlexNet de Hinton ganó el concurso ImageNet por un margen brutal, bajando el error de reconocimiento de imágenes del 26% al 15% según los archivos oficiales de la competencia. La industria se despertó.

Google compró DeepMind en 2014 por unos 500 millones de dólares, según reportes de la época. En 2016, AlphaGo de DeepMind venció al campeón mundial de Go — un juego con más posiciones posibles que átomos en el universo. El resultado se publicó en Nature. Un año después, en 2017, un equipo de Google publicó "Attention Is All You Need" en NeurIPS — el paper que introdujo la arquitectura Transformer. Es la base de todo lo que usás hoy: GPT, Claude, Gemini, Llama.

La explosión (2022–hoy)

Noviembre de 2022. OpenAI lanza ChatGPT. Cien millones de usuarios en dos meses. Anthropic lanza Claude. Google responde con Gemini. Meta libera Llama. Microsoft mete IA en todo Office e invierte 13 mil millones de dólares en OpenAI, según reportes financieros de la empresa.

En tres años, la IA pasó de tema de conferencias a infraestructura cotidiana. El Stanford AI Index Report 2024 registra que la inversión privada global en IA alcanzó 67 mil millones de dólares en 2023. Lo que Turing imaginó en 1950 como un experimento mental se acerca más cada día.

¿Y ahora qué?

Setenta años después del verano de Dartmouth, la pregunta original — ¿puede una máquina pensar? — sigue sin respuesta clara. Los modelos que usás hoy hacen cosas que ni Turing ni McCarthy podían imaginar. Pero también fallan de formas que ningún humano fallaría. Te inventan libros, citan papers que no existen, confunden fechas obvias.

¿Hacia dónde va esto? Esa es la pregunta que vale la pena hacerse. Te dejo una para pensar: si los últimos 70 años nos enseñan que la IA avanza en ciclos, ¿estamos hoy en la cima de otro ciclo o empezando una curva completamente nueva? Si querés profundizar en por qué Anthropic apuesta que estamos en algo genuinamente nuevo, leé el #0027 sobre la carrera de los modelos frontera.

Siguiente artículo
Los inviernos de la IA — cuando el mundo dejó de creer